¿Conoces la alimentación intuitiva?

¿Conoces la alimentación intuitiva?

¿Iniciaste el año con el deseo de bajar de peso?

Usualmente... ¿Cuánto tiempo logras hacer dieta hasta que decides rendirte?

Seguir un plan de dieta muy estricto puede llevarnos a perder la motivación y descuidar nuestro bienestar. Por eso, quiero introducirte el concepto de ¡alimentación intuitiva!

La alimentación intuitiva se trata de escuchar el cuerpo y atender señales de hambre correctamente.

La alimentación intuitiva promueve una actitud saludable hacia la comida y la imagen corporal. No es una dieta. No hay que contar calorías y no se prohíben alimentos. No se trata de seguir un plan de comidas o medir las porciones. En cambio, se trata de volver a aprender a comer fuera de la mentalidad de dieta, enfocándonos en las señales internas del organismo como el hambre, la satisfacción, y alejándose de las señales externas como las restricciones alimentarias.

 

El propósito es conocer los alimentos que mayor beneficios le traen a tu cuerpo y consumirlos con el deseo de llenarnos de salud y bienestar. No por complacer la imagen de belleza que dice la sociedad. Cada ser humano es único y por lo tanto, no existe un único molde de belleza.

¡Tres principios de la alimentación intuitiva!

1. Sobrellevar las emociones sin usar alimentos

La alimentación emocional es muy común. Utilizar la comida para ocultar sentimientos y emociones desagradables puede llevarnos a una mayor dificultad en nuestra salud emocional. Por eso, es importante ser consientes de los momentos en que comenzamos a comer emocionalmente y buscar la manera de hacer una actividad que nos aleje de tal comportamiento.

2. Respetar nuestro cuerpo.

Somos tan rápidos para juzgarnos y criticar nuestros cuerpos que aprender a respetarnos es una de las bases más importante de la alimentación intuitiva.

3. Hacer ejercicio para sentirnos bien, no para vernos bien.

En lugar de enfocarnos en el ejercicio que creemos que “deberíamos” estar haciendo, es fundamental cambiar el enfoque hacia los tipos de actividades que se sientan bien. Para esto, debemos olvidarnos de las calorías que queremos quemar y enfocarnos en cómo nos sentimos después de hacer ejercicio.

¡A tomar conciencia de nuestro cuerpo y sus señales!